PEREZA

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Pereza

La pereza en tiempos de coronavirus, podemos centrarnos en el tiempo que estamos viviendo, donde estar encerrados puede ser una excusa perfecta para no hacer nada. Al igual que la gula, la pereza puede ser el pecado en el que más fácil nos resulta caer. ¡PAREMOS UN MOMENTO AQUÍ! No quiero generalizar y que me salten a la chepa cientos de miles de disciplinados que existen, que pese a la cuarentena han seguido en movimiento, buscando opciones de entrenamientos o actividades, evitando así perder su rutina de ejercicios.

 

¡Felicidades por ello!, por intentar mantener una vida saludable. Puede que incluso personas que antes no lo hacían por falta de tiempo, lo hagan ahora. Lamento decirlo, pero no han sido la mayoría. 

En muchos casos teniendo 24 horas al día libre, sin hacer absolutamente nada, los móviles, el ordenador, el sofá y la aplicación Netflix no son una buena combinación, evitar estas tentaciones es solo para valientes. El sofá se convierte en el aliado perfecto, para largas siestas o maratones de series y películas, videollamadas con amigos y familiares, o charlas con personas con quienes estás compartiendo el confinamiento. ¡Absolutamente todo es posible sin moverte de él!

 

También podemos hablar del pijama, que levante la mano quien no ha pasado por lo menos un día entero con el pijama puesto. ¿Quien tiene ganas de vestirse para no hacer nada? ¡Como mucho una camiseta media planchada, dependiendo de la confianza que se tenga con la persona con quien vaya hacer la videollamada!

 

 

 

  

     

 

 

 

Tipos de pereza y cómo nos afectan

Pereza Física

Este es uno de los tipos de peraza más habituales. Su nombre lo indica, tiene que ver con la resistencia a realizar actividades físicas. Lo más habitual para que este tipo de pereza se produzca: fatiga previa, inmediatismo o falta de interés. El caso más común es cuando una persona quiere iniciar una rutina de ejercicios y nunca lo consigue, ya que siempre termina imponiéndose la falta de ganas.

Esto suele suceder, porque existe el deseo, pero la energía no es suficiente para realizar la actividad. En otras ocasiones, no se le da mucha importancia a los beneficios futuros del ejercicio y se opta por la comodidad inmediata. También todo puede deberse a una falta de interés. En realidad el bienestar físico no constituye un acicate suficiente.                

Pereza Mental

La pereza mental está relacionada con nuestras facultades cognitivas. Uno de los tipos de pereza que nacen principalmente por falta de motivación. Lo más habitual es que una persona no vea un beneficio concreto en la actividades intelectuales y por eso se resista a realizarlas. 

Muchas veces la persona siente que la actividad es demasiado compleja y esto hace que que disminuya la motivación. Así como en el caso anterior, no se encuentra un beneficio inmediato para este tipo de tareas.

La actividad intelectual no protege nuestro cerebro, sino que incrementa nuestras habilidades y competencias diarias. Incluso, tiene un efecto muy positivo sobre nuestras emociones. El cerebro está ahí para trabajar, con el que si no se hace, aparece el aburrimiento. La actividad intelectual despierta, entusiasma y mejora la vida.          








 




 



 

Pereza Existencial

Dentro de los tipos de pereza, la existencial es la que más está relacionada con la depresión. Se manifiesta como falta de interés y de entusiasmo por la vida en general. No aparece la energía suficiente para tomar iniciativas, proyectase o fijarse metas.

La pereza existencial es un claro indicio de que hay una barrera que no has identificado. Es posible que estés pasando, o hayas pasado, por situaciones emocionales exigentes sin resolver del todo. Es probable que esto haya originado un agotamiento del cual necesites reponerte.

Lo más común es que la pereza existencial surja por un peso psicológico que no se ha tramitado. Genera una carga y esto hace imposible generar energía positiva. Este tipo de pereza es común en quienes tienen como hábito la rumiación de pensamientos y desconfían de sí mismos.            

Pereza Espiritual

La pereza espiritual suele estar asociada con la pereza existencial, lo que las diferencia es que, en el caso de la pereza espiritual prima una sensación de desinterés sobre los aspectos trascendentales de la vida.  

Una persona tiene pereza espiritual cuando decide aferrarse a lo cotidiano y seguirlas mecánicamente, sin tratar de ir más allá. No cree que la existencia sea algo más que ese conjunto de obligaciones diarias, las cuales realiza sin mayor entusiasmo y sin un verdadero objetivo. 

En todos los casos, es importante señalar que la pereza puede ser un punto positivo. Te habla de fatiga, o de exceso, y por eso debes prestarle atención. Cuando no es así, lo adecuado es aprender a automotivarte. Hay cosas que al principio cuestan, pero valen la pena. Si el caso es más crítico, lo más probable es que sea necesario contar con la ayuda de un profesional.             
¡Lo siento mucho, pero a mi me está dando mucha pereza seguir escribiendo. Mejor me voy al sofá que se está muy a gusto!